santaLos falsos maestros nos regalaron la Navidad

De acuerdo al Señor Jesús, hay “muchos” falsos profetas en nuestros días que “engañarán a MUCHAS personas” (Mt. 24:11). Aunque estos falsos profetas puedan alegar conocer y comunicar la verdad de Dios, están esparciendo mentiras (Jer. 14:14).

Los falsos profetas son realmente lobos rapaces, peligrosos y hambrientos, disfrazados de oveja (Mt. 7:15). ¡Por lo tanto, pueden ser tan espiritualmente peligrosos y mortales para los Cristianos (ovejas–Jn. 10:27) como un lobo salvaje y oculto lo es para una manada de ovejas!

“Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aún negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas.” 2 Pedro 2:1

¿POR QUE RAZÓN LA IGLESIA DE JESUCRISTO NO DEBE CELEBRAR LA NAVIDAD?

Para muchos cristianos la Navidad es la celebración del nacimiento del Señor Jesucristo; es la fiesta de su cumpleaños. Por esta razón, la Navidad es considerada como una época de paz, de amor y de regocijo, ya que recuerda la llegada de la “natividad” o sea el nacimiento del Niño Dios.

El mes de Diciembre ofrece al mundo entero, cristiano y no cristiano, un tiempo de amor y paz; una época de regocijo y de regalos. Los centros comerciales se llenan de multitudes que corren de aquí para allá buscando que comprar. Es en esta época cuando muchos se acercan al pueblo cristiano, especialmente a nosotros para hacernos la siguiente pregunta: ¿Porqué ustedes no celebran la Navidad siendo que es una fiesta Cristiana?

Muchos de nuestros hermanos no saben que responder a esta pregunta, o al menos, no saben como responder. Algunas de las respuestas que comúnmente se dicen son:

  • “La iglesia donde me congrego no acostumbra celebrarla, por lo tanto yo tampoco”
  • “Nosotros no acostumbramos celebrar la Navidad”
  • “La Navidad es un negocio del mundo”
  • “La Navidad es una fiesta pagana”.

Como vera, estas respuestas no son realmente una buena explicación a tan importante pregunta. Como Cristianos necesitamos tener fundamentos sólidos del porqué no participamos de ciertas fiestas que se celebran mundialmente. De esta manera podremos dar una respuesta clara y concreta. Es por eso que Dios puso en mi corazón el escribir este pequeño texto cuya finalidad es dar una explicación bíblica e histórica del porqué los Cristianos no deben celebrar la fiesta de la Navidad.

LA APOSTASÍA

La Segunda Epístola de Pedro, según los historiadores, fue escrita alrededor del año 64 d.C. La tradición nos dice que éste fue el año en que el apóstol Pedro fue martirizado por el emperador romano Nerón. También sabemos que este fue uno de los años en los cuales la iglesia fue intensamente perseguida.

Seguramente el apóstol estaba persuadido que su fin estaba muy próximo, por lo cual, al escribir su segunda epístola tomó el sumo cuidado de advertir a la iglesia acerca de los peligros de la apostasía. Pedro advierte a la iglesia que vendría un tiempo, cuando “se levantarían falsos maestros“, los cuales introducirían “dentro de la iglesia” herejías destructoras.

Para inculcar firmemente este pensamiento en la mente de los Cristianos, él hace una comparación entre el pueblo de Israel y la iglesia. Cuando él dice: “hubo falsos profetas entre el pueblo” se está refiriendo a Israel, y cuando dice: “como habrá entre vosotros falsos maestros“, se está refiriendo a la misma iglesia de Jesucristo.

Lo que Pedro está tratando de decir es que: así como en Israel hubieron falsos profetas que introdujeron la apostasía, incluyendo la adoración al sol, la luna, el culto a Baal, y otras cosas que eran abominables delante de Dios, y así como en Israel hubieron hombres que se propusieron introducir el paganismo dentro del pueblo, así también sucedería con la iglesia de Jesucristo. “Falsos maestros” se levantarían e introducirían “herejías destructoras” con la apariencia de verdad.

Notemos el término que el apóstol Pedro usa. El no se estaba refiriendo a cualquier tipo de enseñanza, sino a “herejías destructoras“. Esto es algo muy grave que debemos estudiar y analizar con extremo cuidado.  El objetivo de estas enseñanzas sería la destrucción del pueblo del Señor, o sea la destrucción de la iglesia establecida por Jesucristo. Como efectivamente ya lo esta.

Si estudiamos con detenimiento La Historia de la Iglesia Cristiana, veremos que Jesús mismo fue atacado y muerto como lo fueron también, perseguidos y muertos, los apóstoles y sus primeros discípulos;  desde entonces, se ha perseguido a los cristianos de todos los tiempos, vemos que en las congregaciones, no importa la época, aún durante el periodo de los Apóstoles de Jesucristo, ya se infiltraban falsos maestros con falsas doctrinas, con la intención de destruir totalmente a la Iglesia Cristiana.

La Iglesia Católica Romana y su nueva doctrina católica es una muestra palpable, cierta y fehaciente del deterioro y decaimiento de la Iglesia de Cristo, lo cual conllevó posteriormente a los graves sucesos de La Reforma y el advenimiento de las miles y miles de Iglesias Protestantes.

EL ORIGEN DE LA APOSTASÍA

El apóstol Pablo en 2 Timoteo, capítulo tres, también advierte a la iglesia del problema de la apostasía. Aquí leemos que la apostasía es revelada en su última etapa.

Cuando Judas escribió su epístola, él reveló las diferentes etapas de la apostasía. Para el año 90 dC. cuando el apóstol Juan nos escribe la primera epístola, “ya encontramos la apostasía a un nivel muy elevado”, negando la doctrina de Cristo e inventando una nueva cada vez que estos falsos maestros abrían la boca. Este mal sigue sucediendo hoy en día.

Si notamos en todos estos tres libros del Apóstol Juan, casi no se hace mención de como se introduciría la apostasía dentro de la iglesia. Es el apóstol Pedro el que nos revela claramente como es que esto sucedería.  Pedro dice que, la apostasía no vendría por imposición de ningún gobierno, sino que “se introducirían falsos maestros“, los cuales introducirían en una “forma encubierta” herejías destructoras.

Notemos los términos “en forma encubierta”, – o sea -, “un tipo de enseñanza disfrazada”, tapada, con apariencia de verdad, pero totalmente falsa. Es así como, muchas de las falsas enseñanzas que la iglesia practica hoy en día, han sido introducidas, no por errores que los hombres temerosos de Dios hayan cometido, sino por los “falsos maestros” que se han pasado por cristianos, o por falsos líderes cristianos que inventan significados y teorías propias de su excelsa capacidad intelectual.

En realidad, la mente de estos falsos maestros es tan débil que el mismo Satanás los manipula en contra de los verdaderos Hijos de Dios.

Así encontramos falsas enseñanzas tales como la participación de los cristianos en la política, en las guerras civiles o militares, en la adoración de santos e imágenes, en la práctica de ciertas fiestas paganas, como el Día de la Coneja, la Navidad, el Día de Acción de Gracias, etc.

La Navidad es una fiesta que se celebra anualmente el 25 de diciembre de cada año, para conmemorar el nacimiento del Señor Jesús. Vayamos entonces ahora al título de este texto, ¿Por qué la iglesia no debe celebrar la Navidad?

La respuesta a tan importante pregunta la encontramos en las siguientes razones:

1. Una razón bíblica
2. Una razón histórica.

1. LA RAZÓN BÍBLICA

La razón número uno por la cual la iglesia no debe celebrar la Navidad es porque la Biblia no lo ordena. La iglesia debe entender que todo lo que se practique y se enseñé debe estar basado en las santas escrituras y en la bendita Palabra de Dios. De lo contrario, es una “herejía”, una falsa enseñanza, es algo que “no proviene de Dios”, y cuyo objetivo es destruir la iglesia del Señor Jesucristo.

En Efesios 2:20 leemos: “Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo.” Aquí encontramos la base de toda enseñanza bíblica. Todo lo que nosotros practiquemos debe estar basado en la Palabra de Dios.

A. La evidencia de los cuatro evangelios

Cuando nosotros estudiamos los cuatro evangelios, encontramos que Mateo y Lucas son los únicos que mencionan el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo (Mateo 1:18-2:12; Lucas 2:1-20). La razón por la cual ellos mencionan el nacimiento, no es con el propósito de establecer la celebración de la fiesta de la Navidad, sino demostrar como las profecías que el Antiguo Testamento mencionaban respecto al nacimiento del divino maestro, tuvieron su cabal cumplimiento.

En los Evangelios también encontramos las ordenanzas del maestro, tales como la institución del bautismo en el nombre del Señor Jesucristo, y la celebración de la Santa Cena.

Sin embargo, no se hace ninguna mención a la celebración de la Navidad. Esto nos dice que Jesús no estaba interesado en que se celebrará el día de su “nacimiento”, sino únicamente el día de su “muerte y resurrección”, ya que esto es lo más importante y fundamental para nuestra salvación; ahí radica la base del Nuevo Pacto. Esto es lo único que Nuestro Señor Jesucristo quería que recordemos bien, he hizo énfasis en que no lo olvidemos. Para Jesús era mas importante “nuestra salvación“, que nuestras fiestas paganas.

B. LA EVIDENCIA EN EL LIBRO DE LOS HECHOS

El libro de los Hechos de los Apóstoles es un libro muy importante porque cubre la historia de la iglesia original durante los primeros 30 años. En todo ese tiempo encontramos a la iglesia interesada en cumplir cada una de las ordenanzas del Maestro, de ahí su importancia para los cristianos, porque nos muestra lo que la iglesia primitiva creía y practicaba.

En este libro leemos que cuando las almas se arrepentían, eran bautizadas según lo establecido por el Señor; cuando la iglesia se reunía, (cada vez que se reunía), se celebraba la eucaristía o santa cena; y así, se cumplía todo lo establecido por el Señor Jesús.

No obstante, en todo el libro no se encuentra ninguna mención de que la iglesia primitiva celebrara la fiesta de la Navidad.

Esto deja bien claro que Jesús no la estableció, como tampoco era parte de lo que la iglesia primitiva practicaba, o de lo contrario, el escritor Lucas, o cualquier otro, lo hubiera anotado.

C. LA EVIDENCIA EN LOS ESCRITOS DE PABLO

El apóstol Pablo escribió trece libros del Nuevo Testamento. Estos libros fueron dirigidos a diferentes congregaciones con el propósito de solucionar los problemas que habían surgido en dichas iglesias. En ellos se tratan casos de matrimonios, problemas entre hermanos, adulterios, el surgimiento de las herejías, el uso de los dones del Espíritu. En fin, todos los libros o cartas de Pablo nos enseñan como tratar y solucionar los problemas de la iglesia.

Además, en los escritos de Pablo también se hace alusión a las diferentes fiestas o ceremonias que la iglesia celebraba en el primer siglo de nuestra era. Lo sorprendente es que no se encuentra ninguna cita bíblica que haga referencia a la celebración de la Navidad.

De esta manera queda claro que la iglesia no debe celebrar la Navidad por la sencilla razón de que la Biblia no lo enseña ni establece.

2. LA RAZÓN HISTÓRICA

A. LOS PRIMEROS TRESCIENTOS AÑOS DE LA IGLESIA

Después de la muerte del apóstol Pablo en el año 68 dC. hasta el año 120 dC. es conocido como la Edad Sombría. La razón por la cual recibe este nombre es porque durante este periodo no hay ningún registro histórico de la iglesia.

A partir del año 120 dC., la narración de la historia se reanuda con los Padres de la Iglesia. Lo interesante es que cuando se reanuda la historia, la iglesia siguió su marcha con las mismas normas y costumbres de la Iglesia Apostólica primitiva. No hubieron cambios mayores, como tampoco se menciona en esa historia, el establecimiento de la fiesta de la Navidad.

El primer registro histórico de la celebración de la Navidad data del siglo IV. Si nosotros tenemos en cuenta la historia de la iglesia, encontraremos que en el año 313 dC. el emperador Constantino hizo al Cristianismo la religión oficial del Imperio Romano.

Esto permitió que unos años mas tarde la iglesia se “casara” con el estado. Cuando esto sucedió, muchas de las doctrinas de la iglesia primitiva fueron cambiadas y reemplazadas por falsas herejías, impulsadas por aquellos que aceptaron el nuevo cristianismo por “conveniencia”.

Estos fueron los primeros falsos cristianos y los primeros falsos maestros de la Cristiandad. Según la tradición de la Iglesia Católica Romana, fue el Papa Julio I (337-352) quien estableció la Navidad como celebración litúrgica fija, siendo desde entonces su conmemoración el 25 de diciembre.

Según testimonio preciso, tanto de San Ambrosio como del cronógrafo del 354, fue el pontificado de su sucesor Liberio (352-366) quien la estableció.

Vemos así que, si los Apóstoles y los Padres de la Iglesia ignoraron tal festividad, ¿por qué deberíamos nosotros de prestarle atención en cualquier época en que vivamos?

B. LA CRONOLOGÍA DEL NACIMIENTO DE CRISTO Y EL 25 DE DICIEMBRE

Sobre la cronología del nacimiento del Mesías no hay acuerdo entre las diversas fuentes históricas. La fecha tradicional, que coincide con el principio de la nueva era quedó fijada en el siglo VI después de largos cálculos, por el monje escrita Dionicio el Exiguo, que la hizo remontar al año 754 de la fundación de Roma. Sin embargo, ésta fecha no concuerda con la fecha de Mateo que sitúa el nacimiento de Jesús durante el reinado de Heródes el Grande, muerto en el 750 de Roma, es decir 4 años antes del cómputo fijado por Dionicio.

Son también inciertas las noticias relativas al censo hecho por el legado quirino (Lucas 2:2), que sería el que determinó el viaje de María y José a Belén. Los historiadores mencionan únicamente el de 6-7 dC., mientras que investigadores católicos sostiene que Lucas alude a otro censo realizado entre el 8-6 a.C., durante el viaje a Oriente del mismo quirino.

¿Nació Jesús en Marzo?

¿Sabía usted que la estrella de Belén que guió a los Reyes Magos hacia el niño Jesús, aparece cada 974 años?

En realidad, es muy probable que se trate de una brillante conjunción de Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis. Fue vista por última vez en 1942 y no reaparecerá hasta el año 2916. Pero hay quienes señalan que la verdad es que coincidieron en el signo de Piscis, el Sol, la Luna, Venus, Júpiter y Saturno, formando lo que pareció una estrella de gran resplandor. Restando sucesivamente 974 a 1942, se puede concluir que la estrella de Belén apareció en el año 6 a.C. Como todos sabemos, la Biblia no contiene fechas específicas sino más bien datos históricos contundentes.

Sin embargo, hay cálculos científicos que permiten concluir que tal acontecimiento astronómico ocurrió exactamente el 1 de marzo del año 7 a.C. De ser así, y suponiendo que la estrella de Belén fue esa conjunción de astros, entonces, Jesús no nació ni en diciembre, ni en el año conocido como año cero.

Como dije antes en el siglo VI, el monje Dionicio fijó el nacimiento de Jesucristo en el año 754 de la fundación de Roma, pero la fecha no es exacta, ya que Heródes murió en 750, y se supone que Heródes ordenó la matanza de inocentes tras la llegada del Mesías. En realidad, Jesús tuvo que haber nacido antes de la primavera del año 4 a.C., que es la fecha de la muerte de Heródes pues para esa fecha Jesús ya existia.

Seguramente usted ya notó que hay una aparente contradicción en esto, pues es como afirmar que Cristo nació antes de Cristo. Lo que sucede es que la cronología de la era cristiana tampoco es exacta, pues coincide con las cuentas de Dionicio.

En el año 8 a.C., el emperador romano César Augusto ordenó la realización de un censo en todo el imperio. Por causas legales, dicho censo obligó a María y José a trasladarse de Nazaret a Belén, donde finalmente nació Jesús.  Debido a los problemas de comunicación propios de la época, es de suponer que se concedió cierto margen de tiempo para que la orden del censo se conociera en todo el imperio romano. En casos semejantes se acostumbraba conceder un año de plazo, por lo que es probable que María y José hayan llegado a Belén entre finales del año 8 y el inicio del año 7 a.C., el año de la gran conjunción de astros.

A pesar de todo, no existen referencias precisas sobre el nacimiento de Jesucristo en marzo del año 7. Aunque no lo crean, en los primeros tres siglos del Cristianismo se señalaban como fechas del nacimiento de Jesús los días 6 de enero, 25 ó 28 de marzo, 19 de abril, y 133 fechas más. Fue en el año 351 cuando el Papa Julio I designó el 25 de diciembre como la fecha del nacimiento de Jesús.

Esta fecha no es del todo arbitraria ya que según una creencia antigua, los dioses nacen tres días después del solsticio que marca el renacimiento de la luz entre las tinieblas. El solsticio de invierno ocurre del 21 al 22 de diciembre, por lo que el Papa escogió el día 25. De este modo, al relacionar el renacimiento de Cristo con el ciclo solar, de alguna manera el gran suceso de la Natividad se renueva cada año, lo cual no hubiera ocurrido con Jesús nacido en marzo.

Después de tantos números y cálculos, la fecha del nacimiento de Jesús posiblemente no es tan importante como lo fueron las grandes enseñanzas que, de cualquier manera, Jesucristo dejó a la humanidad: el gran amor de Dios a los hombres como el de un padre hacia sus hijos, el perdón, el hacer por los demás lo que quisiéramos para nosotros, en fin… el Amor.

Como se pueden dar cuenta, la cronología que nosotros tenemos no es “exacta” sino mas bien “incierta”; ¿porqué entonces celebrar un cumpleaños en una fecha “incierta”?  Por otra parte, tenemos que la fecha del 25 de diciembre es una fecha establecida por un Papa de la Iglesia Católica Romana, y que coincide con una fiesta pagana romana; ¿no creen que hay algo raro en esto?  ¿Será esta fiesta un engaño del diablo para que los Cristianos nos veamos envueltos en una práctica pagana aborrecida por Dios Padre? ¿Como aquellas practicas de los días de Moisés?

La elección del 25 de diciembre

La elección del 25 de Diciembre y el título de la fiesta tienen su origen directo en el calendario romano.

Entre las fiestas paganas que celebraban los romanos, había una llamada “Día Natal del Sol Invicto” (Dies Natalis Solis Invicti). Dicha fiesta se hacía en honor a los emperadores romanos de decadencia. En ella, estos hombres se hacían venerar como la encarnación del Sol Invicto. Esta fiesta unía en el plano mitológico a las divinidades con el ciclo anual del Sol, que con solsticio invernal, gracias al posterior alargamiento progresivo del día parecía volver sobre la Tierra como por un renacimiento.

Esta simbología solar que llevaba consigo la celebración del 25 de Diciembre fue ciertamente adoptada por el Cristianismo para calificar “luminosamente ” la figura de Cristo. Sin darse cuenta, al celebrar la fiesta de la Navidad, muchos Cristianos están participando de una fiesta pagana romana en honor de los emperadores. La mentira disfrazada de verdad.

EL ÁRBOL DE NAVIDAD

El árbol de Navidad que adorna la mayoría de los hogares de todo el mundo, con sus adornos multicolores y sus luces resplandecientes, en cuya cúspide aparece la estrella de Belén; es nada menos, que otra de las fiestas paganas que se celebraban en la antigüedad.

No se puede dar una razón lógica del porque un árbol a cuyo tronco aparece el niño Jesús, José, María, los pastores y los animales. La Biblia no menciona que hubiera un árbol en el establo donde nació Jesús. Ni tampoco se sabe desde cuando se comenzó a asociar este extraño árbol con el nacimiento del Señor.

Donde si encontramos luz sobre este árbol de la Navidad, es en la historia de los países escandinavos y la Roma primitiva, donde se han encontrado huellas de su uso en ciertas ceremonias. En la Enciclopedia Ilustrada Cumbre, Tomo 10 y página 71 encontramos la siguiente información: “Las tribus paganas del norte europeo rendían culto a los árboles, en los que veían la encarnación de extrañas deidades; al convertirse al cristianismo, conservaron en el árbol de Navidad un resabio de su antigua superstición. Adornaban un pino o cualquier otro árbol de hojas perennes con objetos brillantes y velas que simbolizaban el sol, la luna y las estrellas, y danzaban y cantaban alrededor del extraño símbolo. Muchos pueblos han adoptado el árbol de Navidad sin conocer su origen pre-cristiano.”

Como vemos la gran mayoría de Cristianos no se dan cuenta que la realidad de todo es que, al celebrar la fiesta de Navidad, se están envolviendo en muchas fiestas paganas que lentamente se fueron introduciendo dentro del Cristianismo. Ciertas prácticas que comenzaron con la Iglesia Católica Romana, han ido siendo adoptadas por todas aquellas iglesias que se dicen ser protestantes del catolicismo.

EL GORDO SANTA CLAUS, UNA MENTIRA MUY GRANDE

Indudablemente, la de Santa Claus es la leyenda más exitosa en lo que al comercio se refiere, y difundida no solamente de la Navidad, sino de entre todas las celebraciones de todo el año, como también es la mentira mas grande que muchos padres le hacen a sus hijos, haciendo que ellos crean que ese personaje es el que les trae los regalos.

Aunque el origen del gordo chapeado, vestido de satín rojo terminado con una cenefa de armiño y fajado con un cinturón negro, es nebuloso, la realidad es que cada diciembre, en el supuesto aniversario del nacimiento de Jesucristo, la figura casi mitológica de este personaje regresa a repartir regalos a los niños del mundo, en recuerdo del día en que los magos, cargados de presentes, siguieron la ruta de la estrella de Belén para ofrendar a su nuevo Rey.

Pero, ¿quién es Santa Claus? ¿De dónde llegó? ¿Cómo es realmente, si cuenta la leyenda que nunca se ha dejado ver por nadie cuando mágicamente hace caber su inmensa humanidad a través de una chimenea, una rendija, o la cerradura de la puerta, para dejar los regalos?

Pues bien, se dice que este amado y ansiosamente esperado personaje no es otro que Nicolás, nacido en la ciudad-puerto de Patara, en Asia Menor, hace muchos años. Nicolás llegó a ser obispo de Myra, y como tal desarrolló una importante labor social repartiendo regalos entre los niños desprotegidos, y ayudando a las mujeres solas. Al paso de los años, la Iglesia Católica Romana lo elevaría a Santo, por sus buenos actos.

Desde entonces, la figura de San Nicolás reapareció muchos años después de su muerte, especialmente en Holanda, donde en la víspera de su día (6 de diciembre) recorría la ciudad misteriosamente, repartiendo regalos a niños desamparados y menesterosos. A partir del siglo XVI ya empezó a realizar sus visitas en la Noche Buena y con el nombre de SintirKlass (de allí lo de Santa Claus).

Sus primeras visitas al continente americano se registraron también en el día de San Nicolás, para traer regalos a los niños de las colonias holandesas de Nueva York. Sin embargo, dado que la mayor influencia norteamericana es inglesa, y que en Inglaterra pronunciaban su nombre como Santa Claus, es así como se conoce en Estados Unidos y en toda América Latina.

Ahora bien, no en todas partes del mundo San Nicolás asume la misma apariencia ni lleva el mismo nombre. En Francia se hace llamar Pére Noël (papá Noel); en Alemania es Kriss Kringle (Niño Cristo) y está personificado por un hada masculina; y en Rusia es Abuelo Invierno.

En Italia, aparece en la persona de la Bruja Befana que, según la leyenda, barría su casa cuando pasaron los Reyes Magos hacia el pesebre de Belén y la invitaron a ir con ellos. No los acompañó, pero tanto se ha arrepentido, que cada año sale a repartir regalos en busca del Niño Dios.

Y, ¿cómo es Santa Claus? Ciertamente, la imagen de Santa Claus no es precisamente la de un Santo. Como nadie pudo saber con certeza cuáles eran las características de su persona porque nunca se dejó ver, la imaginación y creatividad de los hombres hicieron su estampa.

A principios del siglo XIX no tenía una fisonomía definida ni usaba la indumentaria con que actualmente se le identifica. Igual podía ataviársele con una túnica larga tipo sacerdotal, chaqueta guarnecida de pieles o cualquier ropa propia de la época, pues era su papel de dispensador de regalos el que daba la significación especial.

Como primer antecedente de nuestro Santa Claus, tal como lo conocemos, está el libro: “Cuentos del antiguo Nueva York”, en que su autor, Washington Irving reseña las tradiciones holandesas traídas a América. Entre ellas la del legendario personaje que viajaba sobre un vagón por las copas de los árboles, y dejaba caer juguetes por las chimeneas.

Una influencia definitiva para dar fisonomía al Santa Claus que conocemos, fue sin duda el poema “El relato de una visita de San Nicolás”, que un poeta aficionado de nombre Clement Clark Moore escribió a sus hijos. En esta obra, publicada primero en un periódico de la ciudad de Troya, y más tarde en diciembre de 1823, en Nueva York, se describe al personaje que reparte juguetes como un duende, sí, pero gordo, de barbas blancas y con las facciones que hoy nos son tan familiares.

Finalmente, fue el caricaturista Thomas Nast, alemán residente en Nueva York, quien hacia 1880 creó al gordinflón del gorro rojo con una enorme borla blanca que viajaba sobre un trineo tirado por los renos Saltador, Bailarín, Bromista, Veloz, Zalamero y Alegre. Reno, el de la nariz roja, llegó tiempo después al grupo.

Sea como sea y de cualquier manera que se llame, la importancia de Santa Claus es la imagen comercial que se ha creado para incentivar el consumismo y el interés material de las compañías que saben aprovechar este personaje para engordar monetariamente a sus dueños.

CONCLUSIÓN

Lo antes mencionado son referencias que justifican el porqué los cristianos no debemos celebrar la Navidad. Tenemos que tener en cuenta que la Biblia está escrita en un orden divino, y en ningún momento se contradice. Si en los Evangelios se menciona algún mandamiento u orden, en el libro de los Hechos y en las Epístolas se ven esos mandamientos u ordenanzas poniéndose en práctica, de esta manera nos damos cuenta que la iglesia procuró siempre hacer la voluntad de Dios. Esto nos dice que, si Dios hubiera deseado que se celebrara el nacimiento del Señor Jesús, por lo menos en alguno de estos tres grupos se hubiera mencionado la celebración de esta práctica por la iglesia primitiva.

La iglesia celebraba el bautismo, la Santa Cena (para conmemorar la muerte y la resurrección del Señor), hacían énfasis en las enseñanzas del Señor Jesús, sus milagros y su ascensión a los cielos. Pero en ningún pasaje del Nuevo Testamento se menciona que la iglesia celebrara o enseñara la celebración del nacimiento del Señor Jesús. El único pasaje que menciona o hace alusión a su nacimiento es Gálatas 4:4, pero en este caso la referencia al nacimiento del Señor está relacionada con el propósito que Dios tenía para con él.

Por otra parte, la historia nos dice, que tipos de fiestas eran las que se celebraban en esta fecha. Fiestas paganas que hoy se siguen celebrando en una forma más sofisticada.

Como pueblo de Dios viviente tenemos que tener mucho cuidado de como le honramos, no sea que por honrar a Jesús estemos adorando al paganismo antiguo. Algunos dicen: “No importa lo que diga la historia, lo que importa es el espíritu con que lo hagamos” Tengamos cuidado con lo que pensamos, porque nuestro Dios es YHWH, y es un Dios celoso.

“Cada uno eche de si la abominaciones de delante de sus ojos, y no os contaminéis con los ídolos de Egipto. Yo soy Jehová vuestro Dios” Ezequiel 20:7

BIBLIOGRAFÍA:
LA NAVIDAD, por Elsa Canto y J. Marín (Panama Top Com)
Enciclopedia Alfabética por Plaza y Janes, Tomo 8 página 2918
Enciclopedia Ilustrada Cumbre, por Marcia Pasco, Tomo 10, páginas 70-

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