Isaías 45:18-25 Reina-Valera 1995 (RVR1995)

18 Porque así dice Jehová,
que creó los cielos.
Él es Dios,
el que formó la tierra,
el que la hizo y la compuso.
No la creó en vano,
sino para que fuera habitada la creó:
«Yo soy Jehová y no hay otro.
19 No hablé en secreto,
en un lugar oscuro de la tierra;
no dije a la descendencia de Jacob:
“En vano me buscáis.”
Yo soy Jehová, que hablo justicia,
que anuncio rectitud.
Jehová y los ídolos de Babilonia

20 »¡Reuníos y venid!
¡Acercaos todos los sobrevivientes de entre las naciones!
No tienen conocimiento aquellos que erigen su ídolo de madera,
y los que ruegan a un dios que no salva.
21 Declarad, exponed pruebas
y entrad todos en consulta.
¿Quién hizo oír esto desde el principio
y lo tiene dicho desde entonces,
sino yo, Jehová?
Y no hay más Dios que yo,
Dios justo y salvador.
No hay otro fuera de mí.

22 »¡Mirad a mí y sed salvos,
todos los términos de la tierra,
porque yo soy Dios, y no hay otro!
23 Por mí mismo hice juramento,
de mi boca salió palabra en justicia
y no será revocada:
“Que ante mí se doblará toda rodilla
y jurará toda lengua.”
24 Y de mí se dirá: “Ciertamente en Jehová
está la justicia y la fuerza.”
A él vendrán,
y todos los que contra él se enardecen
serán avergonzados.
25 En Jehová será justificada y se gloriará
toda la descendencia de Israel.»

¿A quién vituperaste, y a quién blasfemaste? ¿Contra quién has alzado tu voz, y levantado tus ojos en alto? Contra el Santo de Israel.  ( Isaías 37:23 )

Presentar a Dios a los incrédulos, ateos, evolucionistas, necios, y tontos, no es cosa tan sencilla. Así como hay personas que oyen una sinfonía y no saben que mismo es, y ni se dan cuenta siquiera de lo que están escuchando, así mismo sucede con Dios y sus manifestaciones al hombre. Dios se mantiene oculto de quienes él no quiere en el cielo.

Creyéndose sabios, se volvieron necios

¿Y qué haréis en el día del castigo? ¿A quién os acogeréis para que os ayude, cuando venga de lejos el asolamiento? ¿En dónde dejaréis vuestra gloria? (Isaías 10:3)

Porque el desvío de los ignorantes los matará, y la prosperidad de los necios los echará a perder;  Mas el que me oyere, habitará confiadamente y vivirá tranquilo, sin temor del mal. (Proverbios 1:32)

Los sabios heredarán honra, mas los necios llevarán ignominia. (Proverbios 3:35)

Entended, oh simples, discreción; Y vosotros, necios, entrad en cordura. Oíd, porque hablaré cosas excelentes, y abriré mis labios para cosas rectas. Porque mi boca hablará verdad, y la impiedad abominan mis labios. (Proverbios 8:5)

Los labios del justo apacientan a muchos, mas los necios mueren por falta de entendimiento. La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella. El hacer maldad es como una diversión al insensato;  Mas la sabiduría recrea al hombre de entendimiento.  Lo que el impío teme, eso le vendrá; Pero a los justos les será dado lo que desean.  (Proverbios 10:21)

El hombre cuerdo encubre su saber; mas el corazón de los necios publica la necedad. (Proverbios 12:23)

El deseo cumplido regocija el alma; pero apartarse del mal es abominación a los necios. (Proverbios 13:19)

El que anda con sabios, sabio será; mas el que se junta con necios será quebrantado. (Proverbios 13:20)

Busca el escarnecedor la sabiduría y no la halla; Mas al hombre entendido la sabiduría le es fácil. Vete de delante del hombre necio, porque en él no hallarás labios de ciencia. La ciencia del prudente está en entender su camino;  Mas la indiscreción de los necios es engaño. Los necios se mofan del pecado;  mas entre los rectos hay buena voluntad. (Proverbios 14:6-9)

La lengua de los sabios adornará la sabiduría; mas la boca de los necios hablará sandeces. (Proverbios 15:2)

El corazón entendido busca la sabiduría; mas la boca de los necios se alimenta de necedades. (Proverbios 15:14)

Muchos ven a Dios a cada instante, pero muy pocos se percatan de que es Dios mismo el creador de todo lo que existe. Para empezar, Dios es el centro y objeto de la fe de cada persona, la última realidad, o realidad última como se le conoce en la ciencia de la Teología, o simplemente, se le conoce por muchos como un ser sagrado a quien se adora y se dirigen oraciones.

Pero no es solo eso. Dios es el Ser Supremo, único Dios, creador y origen de todo cuanto existe, y al que se describe en términos de atributos perfectos, por ejemplo, su infinitud, inmutabilidad, eternidad, bondad, presencia (omnipresencia), conocimiento (omnisciencia) y poder (omnipotencia).

La mayoría de las religiones de este mundo atribuyen a Dios ciertos rasgos de carácter, como la voluntad, el amor, la cólera, y la misericordia, que pueden interpretarse tanto metafórica como literalmente.

CONCEPCIONES DE DIOS

Muchos pensadores religiosos han sostenido que Dios es tan diferente de los seres mortales que debe ser considerado en esencia como un misterio más allá de la capacidad de comprensión humana.

No obstante, la mayoría de los filósofos y teólogos coinciden en que si es posible un conocimiento limitado de Dios a través del rastro que él mismo deja a su paso; y de las manifestaciones propias que él mismo ha hecho a la humanidad; así, se han formulado diferentes concepciones de él, tanto en términos de atributos divinos, como de trayectorias del conocimiento.

Enfoques filosóficos y religiosos

Las concepciones filosóficas y religiosas de Dios han estado muy diferenciadas. En el siglo XVII, por ejemplo, el matemático y pensador religioso francés Blaise Pascal comparó de manera poco propicia el "Dios de los filósofos", una noción abstracta, con el "Dios de la fe", una realidad viva, experimentada.

En general, los místicos, que reclaman la experiencia directa del ser divino, han afirmado la superioridad de su conocimiento de Dios a las demostraciones racionales de su existencia y de los atributos propuestos por filósofos y teólogos.

Algunos teólogos han intentado compaginar los enfoques filosóficos y experimentales de Dios, como en la doble vía del teólogo alemán del siglo XX Paul Tillich, que habló de Dios como la "causa del ser" y el "interés último".

Una cierta tensión es quizá inevitable, no obstante, entre el modo en que los doctrinarios hablan de Dios y el modo en que la mayoría de los creyentes piensan de él y lo experimentan.

Atributos principales de Dios

Dios puede ser concebido como trascendente (por encima del mundo), haciendo hincapié en su "calidad de otro", su independencia absoluta y su poder sobre el orden mundial; o como inmanente (habitando en el Universo), resaltando su presencia y participación dentro del proceso del mundo.

Ha sido pensado como personal, por analogía con los individuos humanos, pero algunos teólogos por otra parte han sostenido que el concepto de personalidad es inadecuada para Dios y que debe ser concebido como impersonal o suprapersonal.

En las grandes religiones monoteístas, Dios es venerado como lo Uno, la unidad suprema que abarca o ha creado todas las cosas; pero el politeísmo, la creencia en muchos dioses, también ha permanecido enriqueciéndose a través de la historia.

Estos contrastes son a veces combinados mediante procedimientos dialécticos. Así, mientras el teísmo hace hincapié en la trascendencia divina y el panteísmo identifica a Dios con el orden del mundo, en el panteísmo Dios es entendido tanto desde una perspectiva trascendente como inmanente. La doctrina cristiana de la Trinidad y doctrinas similares de otras religiones admiten la unidad como también la diversidad interna de Dios.

El cristianismo es una modalidad de monoteísmo en que la unidad completa de Dios ha sido modificada. También se ha razonado que Dios tiene aspectos personales e impersonales, o también que sólo él es auténticamente personal y que en el ámbito de la finitud hay sólo una aproximación imperfecta al ser personal.

Estos intentos, para unir de manera dialéctica en Dios características opuestas en apariencia, son comunes en escritores religiosos y místicos, y se proponen hacer justicia a la variedad y complejidad de la vivencia religiosa. El filósofo alemán del siglo XV Nicolás de Cusa, por ejemplo, creyendo que Dios sólo puede ser aprendido a través de la intuición mística, acentuó la "coincidencia de opuestos" en Dios; el filósofo danés del siglo XIX Sören Kierkegaard insistía en la naturaleza paradójica de la fe religiosa. Estas formulaciones sugieren que la lógica del discurso sobre Dios es diferente por sí misma a la lógica que se aplica a las entidades finitas.

JUDAÍSMO, CRISTIANISMO E ISLAM

En el judaísmo, el cristianismo y el islam, las tres religiones enraizadas con la tradición bíblica, Dios es concebido ante todo en términos de trascendencia, personalidad y unidad.

La idea judía de Dios

La idea de trascendencia es introducida en los versos iniciales de las escrituras hebreas, en las que Dios es presentado como creador y este concepto imprime todo el discurso judío sobre Él. Decir que el mundo es creado significa que no es independiente de Dios o una emanación de Dios, pero sí es externo a Él, un producto de su voluntad, por eso Él es Señor de toda la tierra. Esto explica la antipatía que los judíos sienten hacia la idolatría (ninguna criatura puede representar al Creador, por lo que está prohibido hacer ninguna imagen material suya). Sin embargo, es también parte de la doctrina referida a la creación que el ser humano fue hecho a imagen de Dios; por ello, la comprensión hebrea de Dios fue francamente antropomórfica. Él prometía y amenazaba, podía enojarse y ser asimismo envidioso; pero sus atributos principales eran virtud, justicia, compasión, verdad y lealtad. Es representado como rey, juez y pastor. Él establece pactos con su gente y así se autolimita. Como Dios, a pesar de su condición antropomórfica, es una divinidad viva. Es verdad que el nombre de Dios, Yahvé, era entendido como "Yo soy el que es", pero no era tomado por los hebreos de la época bíblica en el sentido abstracto y metafísico en el que se le consideró más tarde. El Dios hebreo era único y su mandato fue, "¡No tendréis otros dioses delante de mí!" (aunque en algunos pasajes bíblicos el Espíritu del Señor y el Ángel del Señor y, en posteriores especulaciones judías, la sabiduría divina parecen ser seres divinos secundarios).

La aparición del concepto de omnipresencia vino ligada a la aparición de las religiones monoteístas. El judaísmo es probablemente la primera religión que incorpora esa cualidad a Dios, y fue heredada posteriormente por el cristianismo. Existen multitud de referencias a este atributo de ubicuidad en la Biblia, pero quizás la más clara esté reflejada en Jeremías: Dios es Omnipresente. Está con su ser, saber y poder, donde quiera que exista algo distinto de Él mismo. (Sal. 139:1-18; Jer. 23:23-24)

Concepción cristiana

El cristianismo emprendió su andadura como una secta judía y así asumió al Dios de los hebreos, y las Escrituras judías se convirtieron con el tiempo, para los cristianos, en el Antiguo Testamento. Durante su magisterio, Jesús fue quizá entendido como un hombre santo de Dios, pero a finales del siglo I los cristianos le habían ensalzado como pastor divino, y esto creó la tensión con la tradición monoteísta del judaísmo. La solución del problema fue el desarrollo de la doctrina de Dios trino o Trinidad que, pese a insinuarse en el Nuevo Testamento, no fue formulada de un modo completo hasta el siglo IV.

El Dios del Antiguo Testamento se convirtió, para los cristianos, en el Padre, un título que el mismo Jesús le había aplicado y por el que se proponía hacer hincapié en su amor y cuidado más que en su poder. Jesús mismo, reconocido como Cristo, fue entendido como el Hijo encarnado o la Palabra divina (Logos), la manifestación concreta de Dios en el orden finito.

Ambas expresiones, Hijo y Palabra, implican un ser, que es a la vez distinto del Padre e incluso tan próximo, relacionado como ser 'de la misma sustancia' (del griego, homoousios) con Él. El Espíritu Santo —en Occidente se dice que procede del Padre y del Hijo, en Oriente que procede sólo del Padre (después de la controversia del filioque)— es la presencia inmanente y la actividad de Dios en la creación, por la que lucha para conducirla a la perfección.

Aunque la teología cristiana habla de las tres "personas" de la Trinidad, no hay tales personas en el sentido moderno, sino tres modos de ser del mismo y único Dios.

Islam

El islam surgió como una poderosa reacción contra las antiguas culturas paganas de Arabia y, como consecuencia de ello, es la que profesa su monoteísmo con mayor rigidez entre las tres religiones de raíz bíblica. El nombre de Alá significa simplemente 'El Dios'. Es personal, trascendente y único, y a los musulmanes se les prohíbe representarlo con cualquier forma viviente. El credo principal se resume en la proclamación: "No hay dios más que Alá y Mahoma es su profeta". Alá tiene siete atributos básicos: vida, conocimiento, poder, voluntad, oído, vista y habla. Las tres últimas no se entienden en un sentido antropomórfico. Su voluntad es absoluta, y todo lo que ocurre depende de ella, incluso hasta el punto de que creyentes y no creyentes están predestinados a la fe o a la falta de fe.

RELIGIONES DE ASIA Y OTRAS

A pesar de las diferencias, las concepciones de Dios en el judaísmo, el cristianismo y el islam tienen un obvio parecido familiar. Las grandes religiones de Asia, sin embargo, pertenecen a un esfera muy distinta. Incluso el uso de la palabra Dios en un contexto religioso asiático puede ser engañoso, porque por regla general lleva la connotación de personalidad. Una expresión más amplia que englobaría tanto la idea de un Dios personal y la idea de un absoluto impersonal o suprapersonal es el Ser Sagrado.

Hinduismo

En el hinduismo, el Ser Sagrado puede ser comprendido de diferentes maneras. Desde una perspectiva filosófica, es entendido como Brahman, la realidad única eterna, absoluta, que abarca todo lo que es, de modo que el mundo que cambia es sólo la apariencia exterior (maya).

En la religión popular se reconocen muchos dioses, pero entendidos con propiedad, son manifestaciones de Brahman, y cada uno de ellos tiene su propia función. Los tres dioses principales, Brahma, Visnú y Siva (encargados de la creación, la preservación y la destrucción), están unidos como el Trimurti, o los tres poderes. Hablando en sentido estricto, el dios creador no crea en el sentido judeocristiano, porque el mundo es eterno y él es tan sólo el dios que ha estado desde la génesis de los Tiempos. En el hinduismo Bhakti, el camino de la devoción personal, el dios Isvara se concibe como personal y no es diferente al dios judeocristiano.

Budismo y religión china

Se dice a veces que el budismo Theravada es ateo, pero no es así. Los dioses son reales, pero no son lo fundamental. La realidad última o Ser Sagrado, constituye el orden cósmico impersonal. Una idea semejante se encuentra en la religión griega antigua, en la que el destino cósmico parece haber sido superior incluso a los grandes dioses. En el budismo Mahayana de China y Japón, Buda mismo fue transformado en un ser divino, aunque la vinculación con el Buda histórico se volvió muy tenue o incluso desapareció, de ahí que las figuras de Buda en el Lejano Oriente sean consideradas seres cósmicos.

En las religiones chinas indígenas, el politeísmo puro de las culturas populares fue modificado por el contacto con las tradiciones filosóficas desarrolladas por la minoría erudita. En estas filosofías el Ser Sagrado último también parece haber sido concebido como una categoría impersonal. En el taoísmo, es el ritmo del Universo; en el confucianismo es la ley moral del cielo.

Politeísmo y animismo

En el politeísmo, hay muchos seres sagrados, cada uno de los cuales manifiesta algún atributo divino particular o cuida de algún aspecto concreto de la naturaleza o de las cuestiones humanas. El politeísmo fue la forma más común de religión en el mundo antiguo y estuvo muy desarrollada en Egipto, Mesopotamia, Grecia y Roma, entre otras civilizaciones. Tiende, sin embargo, a evolucionar en una forma de religión que muestra una concepción unitaria de la divinidad (como demostró el hinduismo), bien por ejercer la crítica filosófica o porque una de las deidades en el panteón politeísta adquiera una superioridad contundente. Se solían concebir los dioses de un panteón con algún lazo familiar, lo que aseguraba desde el principio un sentido de su unidad. El politeísmo se desarrolló casi con regularidad a partir de una forma más tradicional de religión (todavía practicada en muchas partes del mundo) llamada animismo, la creencia en una multitud de fuerzas espirituales, localizadas y limitadas en su poder, algunas amistosas y otras hostiles. En el animismo el sentido de Ser Sagrado se difunde por todo el Universo.

Sumario de tipos principales

Una serie de tipos, cada uno transformándose en los otros, puede ser extraído de este estudio. En el monoteísmo del judaísmo y del islam, el Ser Sagrado se concibe en su aspecto más trascendente y personal. En el trinitarianismo cristiano, se hace un intento para sintetizar la trascendencia y la inmanencia. En las religiones de Asia que se han tratado, se resalta la inmanencia y naturaleza impersonal del Ser Sagrado (aunque algunas formas de hinduismo y budismo no excluyen aspectos personales de la condición divina).

FUNDAMENTOS PARA LA CREENCIA EN DIOS

Aunque las concepciones de Dios han variado de modo considerable, en dependencia del periodo histórico, cultura y grupo de que se trate, una misma fe en un Ser Sagrado ha sido predominante en algún sentido en casi todas las sociedades a través de la historia. Sin embargo, esta creencia ha sido puesta en duda desde los tiempos antiguos por doctrinas como el escepticismo, el materialismo, el ateísmo y otras formas de descreimiento, y la proporción de no creyentes es más alta en las sociedades modernas que en la mayoría de las sociedades del pasado.

Variedades de incredulidad

Los argumentos en contra de la creencia en Dios son tan numerosos como los que existen a su favor. El ateísmo niega de modo absoluto la existencia de Dios. Algunos, por ejemplo, creen que el universo material constituye la realidad última; otros argumentan que el predominio del sufrimiento y del mal en el mundo imposibilita la existencia de un ser sagrado. Los agnósticos creen que la evidencia a favor y en contra de la existencia de Dios es cuestionable; por lo tanto suspenden el juicio en beneficio de la duda. Los positivistas creen que la investigación racional se halla restringida a las cuestiones del hecho empírico o demostrable por vías positivas y científicas, por lo que no tiene sentido ni afirmar ni negar la existencia de Dios.

La naturaleza de la creencia en Dios

Si Dios es el fundamento u origen del ser y no simplemente otro ser, aun el ser supremo o más elevado que concebirse pueda, entonces no existe en el sentido en que se encuentran las cosas en el mundo. Puede ser incluso engañoso decir, "Dios existe", aunque es el modo tradicional de hablar. Creer en Dios es tener fe en el fundamento último del ser, o confiar en la racionalidad última y la virtud de la disposición completa de las cosas. Este modo de expresar el tema deja en el aire las cuestiones de la trascendencia e inmanencia, ser personal e impersonal, entre otras. El fundamento principal para creer en Dios debe encontrarse en la experiencia, y en concreto en la experiencia religiosa.

Hay muchas experiencias en las que la gente ha sido consciente del Ser Sagrado que afecta a sus vidas —experiencias místicas, conversión, una sensación de presencia, a veces visiones o locuciones— y que pueden sentirse con la fuerza de una revelación. Junto a experiencias religiosas en sí mismas hay otras en las que la gente llega a ser consciente de una profundidad o una finalidad que ellos llaman Dios (experiencias morales, relaciones interpersonales, sensación de belleza, la búsqueda de la verdad, la conciencia de finitud, incluso la confrontación con el sufrimiento y la muerte).

A veces se producen las llamadas situaciones límite (término utilizado en el siglo XX por el filósofo alemán Karl Jaspers), porque aquéllos que sufren tales experiencias parecen chocar contra los límites de su propia existencia. Al hacer esto, sin embargo, llegan a ser conscientes de un ser que trasciende su propio ser, con el que todavía sienten tanto diferencia como afinidad. Llegan a ser conscientes de lo que en el siglo XX el teólogo protestante Rudolf Otto denominó, en una clásica descripción, mysterium tremendum et fascinans, el misterio que produce a la vez temor y fascinación.

Argumentos formales para la existencia de Dios

Para un incalculable número de personas estas experiencias del Ser Sagrado son auto-autentificadas, y sienten que no necesitan indagar más. Toda experiencia humana, sin embargo, es falible. Errores de percepción son experiencias cotidianas, y concepciones falsas del mundo natural, la Tierra, los cuerpos celestes y otras análogas han prevalecido durante miles de años. Es por lo tanto posible que la experiencia del Ser Sagrado sea ilusoria, y esta posibilidad ha llevado a algunos creyentes a buscar una base racional para sostener su fe en Dios con la confirmación de la propia experiencia.

Numerosos intentos se han llevado a cabo para probar la realidad de Dios. El teólogo escolástico medieval san Anselmo afirmó que la misma idea de un ser de quien nada más perfecto puede ser concebido supone su existencia, pues la existencia es en sí misma un aspecto de la perfección. Muchos filósofos han negado la validez lógica de la transición de la idea a la existencia real, pero todavía se discute este razonamiento ontológico.

El teólogo del siglo XIII santo Tomás de Aquino rechazó el razonamiento ontológico, pero propuso otras cinco pruebas de la existencia de Dios que todavía son aceptadas de forma oficial por la Iglesia católica apostólica romana:

  1. la realidad del cambio requiere un agente del cambio;
  2. la cadena de la causalidad necesita fundarse en una causa primera que no es causada;
  3. los hechos contingentes del mundo (hechos que pueden no haber sido como son) presuponen un ser necesario;
  4. se puede observar una gradación de las cosas desde lo más alto a lo más bajo, y esto apunta hacia una realidad perfecta en el punto más alto de la jerarquía;
  5. el orden y el diseño de la naturaleza demandan como fuente un ser que posea la más alta sabiduría.

El filósofo alemán del siglo XVIII Immanuel Kant rechazó y refutó los razonamientos de Tomás de Aquino, pero sostuvo la necesidad de la existencia de Dios como el soporte o garante de la vida moral.

Estas razones para afirmar la realidad de Dios han sido sometidas todas a repetidas críticas y siguen siendo replanteadas para recibir nuevas apreciaciones.

Hoy día está aceptado de un modo general que ninguna de ellas constituye una prueba, pero muchos creyentes dirán que los razonamientos acumulan una fuerza que, aunque tiene poco de prueba, supone una fuerte probabilidad, sobre todo en conjunción con la evidencia de la experiencia religiosa. En último extremo, la creencia en Dios es, como muchas otras creencias importantes, un acto de fe, una fe que tiene que estar enraizada en la experiencia personal.

Conflictos teológicos

La inclusión de la cualidad de la omnipresencia entre las capacidades de un dios, sumada al atributo de la omnipotencia, da lugar a un conflicto teológico denominado paradoja de Epicuro o Problema del mal, según el cual no debería ser posible el mal en un mundo donde Dios está en todas partes y es todopoderoso.

Este es uno de los principales argumentos que esgrimen las religiones deístas (que consideran que la divinidad es únicamente creadora del mundo), contra las teístas, (que atribuyen al dios un papel activo). La religión cristiana caracteriza a Dios con una serie de perfecciones: es omnipresente, además de omnisciente, omnipotente y omnibenevolente. El cristianismo está sujeto por tanto a este conflicto. Para resolver la paradoja, se achaca la existencia del mal al libre albedrío del ser humano, y se interpreta la cualidad de la omnipresencia divina como voluntaria, y no como necesaria.

El infierno plantea un problema lógico similar, ya que si Dios es omnipresente, debería estar presente allí también. De no ser así, entonces, ya deja de ser omnipresente.

¿Existe Dios?

¿Hay evidencia de la existencia de Dios?
De algún modo, la responsabilidad se coloca sobre aquellos quienes dicen que Dios existe, para de alguna manera probar que El en realidad existe. Yo pienso que la responsabilidad está sobre los que no creen. Que aquellos que no creen, prueben por si mismos que no existe.

La Biblia dice que deberíamos aceptar por fé, el hecho de que Dios existe:

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6).

Si Dios lo deseara así, simplemente podría aparecer ante nosotros como un ser físico, y probar de esta manera a todo el mundo que El si existe, a nuestra completa conveniencia y satisfacción. Pero, por otra parte, si lo hiciera como nosotros quisiéramos, no solamente tendría que adoptar una forma o cuerpo que nosotros podamos ver y entender y apreciar, sino que, esto seria solamente para satisfacer nuestro ego, pues quizá el tendría que adoptar una forma o cuerpo que no siquiera sea el verdadero, sino uno que nosotros pudiéramos reconocer y aceptar, y aún así, si él hiciera todo esto, al mismo tiempo, ya no habría ninguna necesidad de que exista la fe, la esperanza, ni la espera. Tan necesarias en el corazón de todo individuo, para poder vivir en la espera de mejores días.

“Jesús le dijo: porque me has visto, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (Juan 20:29).

Imagine el lector un cuadro o una pintura, cada persona la ve y la admira desde su propio punto de vista, quizá algunos les agrada, quizá a otros no, unos pensarían que esta muy colorida, otros dirán que esta descolorida, por ultimo, no faltara quienes pienses que tal pintor es maluco y que debería buscar otro trabajo que no sea de pintor.

¿Como debería presentarse ante nuestros ojos o sentidos un ser que es esencialmente un espíritu y no un cuerpo como nosotros lo entendemos? ¿Que forma debería adoptar el mismo? ¿Como deberíamos pintarlo?

¿A qué, pues, haréis semejante a Dios, o qué imagen le compondréis?  (Isaías 40:18)

Sin embargo, eso no significa que no hay evidencia de la existencia de Dios. La Biblia declara:

“Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje, ni palabras, ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz, y hasta el extremo del mundo sus palabras” (Salmos 19:1-4).

Al mirar las estrellas, al entender la inmensidad del universo, al observar las maravillas de la naturaleza, al ver la belleza de la puesta del sol – vemos que todas ellas apuntan hacia un Creador, hacia Dios. Si esto no fuera suficiente, también hay evidencia de Dios en nuestros propios corazones.

Eclesiastés 3:11 nos dice: “…y ha puesto eternidad en el corazón de los hombres…”

Hay algo en lo profundo de nuestro ser, que reconoce que hay algo más allá de esta vida y alguien más allá de este mundo.

Intelectualmente podemos negar este conocimiento, pero la presencia de Dios en nosotros y a través de nosotros, todavía está ahí. A pesar de todo esto, la Biblia nos advierte que todavía hay algunos que niegan la existencia de Dios,

“Dice el necio en su corazón: No hay Dios” (Salmos 14:1).

Debido a que sobre el 98% de la gente a través de la historia, en todas las culturas, en todas las civilizaciones, en todos los continentes, creen en la existencia de algún tipo de Dios – debe haber algo (o alguien) que causa esta creencia.

Además de los argumentos bíblicos para la existencia de Dios, hay argumentos lógicos.

Primero: tenemos el argumento ontológico. La forma más popular del argumento ontológico, usa básicamente el concepto de Dios para probar Su existencia. Este comienza con la definición de Dios como “Ese del cual no puede ser concebido uno más grande”. Entonces se sostiene que existir es mayor que no existir, y por tanto el mayor ser concebible debe existir. Si Dios no existió, entonces Dios no sería el mayor ser concebible – pero eso iría a contradecir la definición misma de Dios.

Segundo: es el argumento teológico. El argumento teológico dice que desde que el universo despliega tal maravilloso diseño, debe haber habido un diseñador Divino. Por ejemplo, aún si la tierra estuviera unos pocos cientos de millas más cerca o más lejos del sol, no sería capaz de mantener mucha de la vida que en la actualidad lo hace. Si los elementos en nuestra atmósfera fueran diferentes aún en un pequeño porcentaje, cada cosa viviente sobre la tierra moriría. Las probabilidades de una simple molécula de proteína formada por casualidad es 1 en 10 elevado a la potencia 243 (es decir, 10 seguido de 243 ceros). Una simple célula consta de millones de moléculas de proteína.

Tercero: El tercer argumento lógico para la existencia de Dios es el denominado argumento cosmológico. Cada efecto debe tener una causa. Este universo y todo lo que en el hay es un efecto. Debe haber algo que causó que todo existiera. A la larga, debe haber algo “sin-razón” a fin de provocar que todo lo demás exista. Esa “sin-razón” es Dios.

Cuarto: Un cuarto argumento es conocido como el argumento moral. Cada cultura a través de la historia ha tenido alguna forma de ley. Todos tienen un sentido de lo correcto y lo erróneo. El asesinato, la mentira, el robo, y la inmoralidad son rechazados casi universalmente. ¿De dónde vino ese sentido de lo correcto y lo erróneo?, vino de un Dios santo.

A pesar de todo esto, la Biblia nos dice que la gente va a rechazar el conocimiento claro e innegable de Dios, y en lugar de ello, creer una mentira.

Romanos 1:25 declara:  “Ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.”

La Biblia también proclama que la gente no tiene excusa para no creer en Dios.

“Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Romanos 1:20).

La gente demanda no creer en Dios porque “no es científico” o “porque no hay pruebas”. La razón verdadera es que una vez que la gente admite que hay un Dios, también deben darse cuenta de que son responsables hacia Dios y que están necesitados de Su perdón

(Romanos 3:23; 8:23).  "por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios".

8:18 Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.
8:19 Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.
8:20 Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza;
8:21 porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.
8:22 Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora;
8:23 y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.
8:24 Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo?
8:25 Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.
8:26 Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.
8:27 Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.
 

Si Dios existe, entonces somos responsables por nuestras acciones hacia El. Si Dios no existe, entonces podemos hacer lo que queramos sin tener que preocuparnos porque Dios nos juzgue. Creo que esa es la razón por la que muchos en esta sociedad, están tan fuertemente aferrados a la evolución – para dar a la gente una alternativa de creer en un Dios Creador. Dios existe y a la larga todo el mundo sabe que El existe. El hecho mismo de que algunos intenten tan agresivamente refutar Su existencia es de hecho un argumento más para Su existencia.

¿Cómo sé que Dios si existe?

Yo sé que Dios existe. No solamente por los cuestionamientos historicos, bíblicos, lógicos o telógicos que se presentan en este artículo, sino también, porque hablo con El y El habla conmigo todos los días.

No solamente lo escucho hablándome con voz audible a través de otras personas, sino que también siento su presencia en mis pensamientos, en mis movimientos, en todas mis intenciones, en mis emociones y hasta en mi conocimiento.

Siento su guía en mis decisiones, conozco sobre su amor a través de todo lo que veo, siento, toco, huelo y escucho.  Mi alma implora y necesita de su gracia; y por todo lo que ya he recibido de él, sé que en verdad Dios si existe y que cuento con él cada día.

Para los que hemos vivido experiencias sobrenaturales, sabemos que han ocurrido cosas en nuestras vidas que no tienen otra explicación posible sino solamente la presencia e intersección divina.

Dios ha salvado o curado en -forma milagrosa- a muchas personas. En varias ocasiones él me ha salvado a mi mismo, de tal manera que no puedo dar una explicación de lo que ha ocurrido, lo que he vivido en mi vida personal no tiene una explicación lógica, y no la puedo relatar sin que otros me califiquen quizá de cuentero o de loco.

Dios ha cambiado mi vida como ha cambiado la vida de muchas personas de tal forma que no podemos hacer otra cosa que no sea agradecer, reconocer y alabar su existencia. Sabemos que sin esa intervención divina, lo ocurrido a cada uno en quien se ha manifestado, simplemente no hubiese ocurrido.

Me ha dado a ver y saber cosas que yo se que nadie las ha visto, nadie las ha sabido, ni nadie las ha oído, peor aún existe alguien que las haya vivido.  Por tal razón, se que fui elegido para recibir esa gracia, y recibi estos dones por razones que solo él las sabe, y solo él las entiende.

A Dios le reconocemos cada uno de nosotros con nuestros propios sentidos y con nuestro propio entendimiento. Quizá cada cual lo entiende y lo conoce de manera distinta, por que su mensaje y su roce sobrenatural también debe ser distinto para cada uno.

La experiencia del roce divino solo puede describirla quien verdaderamente la ha vivido. Si alguno piensa que aún no ha encontrado a Dios en su camino, no se entristezca por ese hecho, eso no importa.  Y no haga conclusiones sobre él por que él mismo lo encontrara a usted y lo tocará de tal forma que solo usted entenderá que es Dios mismo quien se ha hecho presente en su camino.

Dios esta en el corazón de cada persona, la noción misma de que usted existe es la principal gracia de Dios que usted ya ha recibido.

El está dispuesto a revelarse magníficamente a todos quienes, utilizando las virtudes que él mismo otorgo a cada uno, lo busca con un anhelo sincero. El que verdaderamente lo busca, lo encontrará.

Dios no se esconde de nadie, por que no tiene razón de esconderse; al contrario, es nuestra propia necedad y maldad humana, la que constantemente lo ignora.

Ninguno de estos argumentos pueden persuadir a alguien que rehúsa reconocer lo que es tan claro. Al final, la existencia de Dios debe ser aceptada por la fe en todo lo que no vemos pero que si existe, -como el oxigeno-, que no podemos tocarlo ni podemos verlo ni oírlo, pero que si existe, -y sin él-, no podemos vivir ni un solo instante. (Hebreos 11:6)

La fe en Dios, el creador de todo lo visible e invisible, no es un salto ciego a la oscuridad, este es un paso seguro a una habitación bien iluminada en donde ya se encuentra el 90% de la humanidad.

 

Las Confesiones de San Agustín

Libro I

CAPITULO I

1. Grande eres, Señor, e inmensamente digno de alabanza; grande es tu poder y tu inteligencia no tiene límites.

Y ahora hay aquí un hombre que te quiere alabar. Un hombre que es parte de tu creación y que, como todos, lleva siempre consigo por todas partes su mortalidad y el testimonio de su pecado, el testimonio de que tú siempre te resistes a la soberbia humana. así pues, no obstante su miseria, ese hombre te quiere alabar. Y tú lo estimulas para que encuentre deleite en tu alabanza; nos creaste para ti y nuestro corazón andará siempre inquieto mientras no descanse en ti.

Y ahora, Señor, concédeme saber qué es primero: si invocarte o alabarte; o si antes de invocarte es todavía preciso conocerte.

2. Pues, ¿quién te podría invocar cuando no te conoce? Si no te conoce bien podría invocar a alguien que no eres tú.

¿O será, acaso, que nadie te puede conocer si no te invoca primero? Mas por otra parte: ¿Cómo te podría invocar quien todavía no cree en ti; y cómo podría creer en ti si nadie te predica?

Alabarán al Señor quienes lo buscan; pues si lo buscan lo habrán de encontrar; y si lo encuentran lo habrán de alabar.

Haz pues, Señor, que yo te busque y te invoque; y que te invoque creyendo en ti, pues ya he escuchado tu predicación. Te invoca mi fe. Esa fe que tú me has dado, que infundiste en mi alma por la humanidad de tu Hijo, por el ministerio de aquel que tú nos enviaste para que nos hablara de ti.

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