El pecado de Adán y Eva fue comer del fruto prohibido. La frase “comer del fruto prohibido” se refiere a “la historia de Adán y Eva en el Jardín del Edén”. Ellos fueron prohibidos por Dios de comer del fruto del “árbol del conocimiento del bien y del mal“.

Génesis 2:9
Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal.

La Biblia no dice nada sobre qué sea un árbol y una fruta de verdad, sino que habla en forma de parábola. Habla de que había muchos árboles del conocimiento en el paraíso, uno era el árbol del conocimiento de la vida eterna, otro era el árbol del conocimiento del bien y del mal, y cada árbol se refería a una ciencia o arte específico.  Pero entre todos los árboles, estos dos estaban en el centro del paraíso, quizás por su importancia, mientras el uno, el de la vida, nos llevaba a la vida eterna, el otro, el de la ciencia del bien y el mal, nos llevaría a la muerte.

La tradición ha identificado al fruto prohibido como una manzana, pero es imposible que sea una fruta real dado que se refiere al “fruto del árbol del conocimiento” del bien y del mal. Su ubicación, en el centro del paraíso, nos hace entender también que de allí emanan, no solo el conocimiento en si mismo sino la sabiduría misma de Dios, y posiblemente, todas las otras leyes y artes del universo.

El texto de Génesis no indica que sea un árbol literal, con un fruto literal; sino al contrario, esta es una expresión idiomática como: “el fruto de la vid” el vino, “el fruto del trabajo” el salario, “el fruto del árbol de conocimiento” la sabiduría, “el fruto de los elegidos” la santificación, etc.

Adán y Eva fueron prohibidos enfáticamente, no solo de adquirir ese conocimiento sino también de utilizar ese conocimiento del bien y del mal; la orden fue clara y específica, a menos que, claro está, que ellos adquieran ese conocimiento directamente de su creador, a su debido tiempo.

La razón sería muy simple: Ellos no estarían listos o preparados para asimilar esta ciencia sino hasta que su instructor, en este caso el “Creador” en persona, se haya percatado y se haya asegurado completamente de que ellos ya tuvieran la suficiente sabiduría, tanto en cantidad como en calidad, para poder entender y usar en forma apropiada y correctamente estos conocimientos. Es decir que, hasta que el instructor no haya terminado y aprobado su instrucción, la poca o mucha educación que ellos hubiesen adquirido por su propia cuenta, podría no solamente ser inútil para ellos mismos sino incluso “MORTAL”.  Como efectivamente sucedió, y ya les previno de ello el Creador:

Génesis 2:16-17
Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.

Esto se confirma también en las palabras del propio Satanás al afirmar que: “no moriríamos al comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal sino que seriamos iguales a Dios”. Cosa que Dios mismo no lo refutó ni tampoco negó sino que mas bien lo confirmó. Satanás no mintió. “Seriamos iguales a Dios”, quizás solo en ese conocimiento del bien y del mal, pues al apartarnos Dios Padre del paraíso, ya no tendríamos tampoco acceso a todos los arboles del huerto. Lo que si se cumplió a cabalidad fue que efectivamente “moriríamos”, …. y morimos justamente, pero por otra causa.

Génesis 3:5
sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.

El elemento clave en el pasaje no es el fruto en si mismo, sino la prohibición de comer de ese fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Dios le dio a Adán y a Eva una sola prohibición, un solo mandato. El pecado de Adán y Eva fue “desobedecer ese único mandato de Dios”. Al comer del fruto (un acto de desobediencia), Adán y Eva adquirieron y efectivamente utilizaron alguna parte de ese conocimiento del bien y del mal, y eso nos llevó a todos a la muerte.

¿Que tan importante seria para el cielo el que ese conocimiento del bien y del mal no llegue al entendimiento de Adán y Eva, cuando Dios mismo nos impuso la pena de muerte por esa falta?

Romanos 5:12 (Sobre Adán y Cristo)
Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.

Si sabemos que la muerte nos sobrevino por un castigo de Dios, al separarnos de los frutos del árbol de la vida, y que no es el resultado del uso del conocimiento que adquirieron Adán y Eva, pues al contravenir la orden y “comer y utilizar el conocimiento del bien y del mal” nos habríamos convertido en iguales a Dios. Esta parte no solo que no mintió Satanás a ese respecto sino que Dios mismo lo confirmó con sus propias palabras.

Génesis 3:22
Luego el SEÑOR Dios dijo: «Miren, el hombre y la mujer se han convertido en seres como nosotros, pues [ahora ya] saben reconocer el bien y el mal. Ahora tienen a su alcance los frutos del árbol de la vida, para comerlos y vivir para siempre».

La historia cuenta que fue Eva la primera que adquirió y utilizo ese conocimiento, pero al no morir súbitamente, posiblemente pensó que comer de este fruto era bueno, y así es como convenció a Adán de hacer lo mismo. Ellos murieron por otra razón, por ser separados del paraíso y ya no tener alcance a los frutos del árbol de la vida que también estaba ubicado en el centro del paraíso,

Génesis 3 Palabra de Dios para Todos

El pecado de Adán y Eva

La serpiente era más astuta que todos los animales salvajes que el SEÑOR Dios había hecho, así que le preguntó a la mujer:

—¿Es cierto que Dios les dijo que no coman de ningún árbol del jardín?

Y la mujer le respondió:

—Podemos comer los frutos de los árboles del jardín. Pero Dios nos dijo “No deben comer frutos del árbol que está en medio del jardín, ni siquiera tocarlo porque si lo hacen morirán”.

Entonces la serpiente le dijo a la mujer:

—Con seguridad no morirán. Incluso Dios sabe que cuando ustedes coman de ese árbol, comprenderán todo mejor; serán como Dios porque podrán diferenciar entre el bien y el mal.

Cuando la mujer vio que el árbol era hermoso y los frutos que daba eran buenos para comer, y que además ese árbol era atractivo por la sabiduría que podía dar, tomó algunos frutos del árbol y se los comió. Su esposo se encontraba con ella, ella le dio, y él también comió. Como si se les abrieran los ojos, se dieron cuenta de que estaban desnudos. Entonces se hicieron ropa cosiendo hojas de higuera.

En medio de un ventarrón retumbaba la voz del SEÑOR Dios que caminaba por el jardín. Entonces al oírlo, el hombre y la mujer se escondieron del Señor Dios entre los árboles del jardín. El SEÑOR Dios llamó al hombre y le dijo:

—¿Dónde estás?

10 El hombre le respondió:

—Escuché que andabas por el jardín y me asusté porque estaba desnudo, entonces me escondí.

11 Luego Dios le preguntó:

—¿Quién te dijo que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del árbol del que les prohibí comer?

12 El hombre dijo:

—La mujer que me diste por compañera me dio del fruto de ese árbol, y yo comí.

13 Luego el SEÑOR Dios le preguntó a la mujer:

—¿Conque esas tenemos?

Y la mujer respondió:

—La serpiente me engañó, y yo comí.

14 Entonces el SEÑOR Dios le dijo a la serpiente:

—Por haber hecho esto,
    entre todos los animales, sólo tú serás castigada.
Tendrás que arrastrarte sobre tu vientre
    y comerás polvo todos los días de tu vida.
15 Haré que tú y la mujer sean enemigas
    y que tu descendencia sea enemiga de la de ella.
La descendencia de ella buscará aplastarte la cabeza
    mientras tú le tratarás de picar en el talón.

16 Después Dios le dijo a la mujer:

—Te daré más trabajo
    y multiplicaré tus embarazos;
y con todo y tu duro trabajo,
    tendrás también que dar a luz a los hijos.
Desearás estar con tu marido,
    pero él te dominará a ti.

17 Luego Dios le dijo al hombre:

—Ya que tú obedeciste a tu mujer
    y comiste del árbol que yo te había prohibido,
    la tierra estará maldita por tu culpa.
Tendrás que conseguir la comida por medio de duro trabajo,
    durante todos los días de tu vida.
18 Del suelo nacerán cardos y espinas para ti,
    y tendrás que comer plantas del campo.
19 Obtendrás tu comida
    trabajando duramente
hasta que mueras y regreses al polvo,
    porque tú saliste de allí.
Polvo eres
    y en polvo te convertirás.

20 El hombre le puso a su mujer el nombre «Eva», ya que ella se convertiría en madre de todos los seres humanos.

21 El SEÑOR Dios hizo, con pieles de animales, ropa para el hombre y su mujer, y los vistió.

22 Luego el SEÑOR Dios dijo: «Miren, el hombre y la mujer se han convertido en seres como nosotros, pues [ahora ya] saben reconocer el bien y el mal. Ahora tienen a su alcance los frutos del árbol de la vida, para comerlos y vivir para siempre».

23 Entonces el SEÑOR Dios los sacó del jardín del Edén a trabajar la tierra, de la cual el ser humano estaba hecho. 24 Los expulsó y luego puso al oriente del jardín del Edén unos querubines y una espada en llamas que giraba para cerrar el camino de regreso al árbol de la vida.

Adán, Eva y Satanás, su nuevo aliado, posiblemente estuvieron festejando sus peligrosos descubrimientos. Lo que no sabían Adán y Eva es que sus cuerpos ya irían muriendo poco a poco al no poder comer los frutos del árbol de la vida al que fueron negados. Pues la biblia cuenta acerca de la vida de Adán y Eva ya fuera del jardín del Edén. Cuenta que ellos tuvieron hijos (Cain, Abel y Set). Y menciona que Adán murió a la edad de 930 años. De Eva, no hay referencia alguna sobre cuantos años sobrevivió.

Adán y Eva conocieron entonces la ciencia del bien y del mal, hasta algún extremo posiblemente y quizá sin duda “peligroso”, vivieron la experiencia contrastante de la bondad y la maldad, de la obediencia y la desobediencia, del amor y la codicia, de la culpa y la vergüenza, etc.

Es sabido que el mal uso de un conocimiento nos puede acarrear no solo problemas sino la muerte. Quizás El Creador solo les estuvo advirtiendo de que ellos no tendrían la capacidad para manejar semejante conocimiento, al menos “NO” hasta que el se cerciorara de que están perfectamente capacitados e instruidos al respecto para que sus vidas no corran peligro.

Eva fue la mas ansiosa, como toda mujer que le gusta la brujería, la hechicería, el horóscopo, el ocultismo, ciencias que parecen ser atractivas para todo el genero femenino. Solo falto un pequeño empujón por parte de Satanás para que ella caiga en el hermoso terreno de la codicia, del orgullo, de la diosificación de ella misma, de querer ser mejor que el mismo Creador.

La mentira de Satanás fue letal para los dos. Adán y Eva fueron mentidos de que sabiendo y utilizando el bien y el mal, les haría como dioses (Génesis 3:5). En realidad, ellos ya habían sido hechos a la imagen y semejanza de Dios, y tuvieron la bendición de su buena voluntad. La lección para nosotros hoy en día es que cuando Dios prohíbe algo, es por nuestro propio bien. Desobedecerle a Dios, yendo por nuestro propio camino, o decidiendo por nosotros mismos sobre lo que es y no es beneficioso para nosotros, siempre nos conducirá al desastre.

Por eso debemos confiar en su guía, el nos creo, el quiso y quiere cuidarnos, como su creación mas amada y apreciada. El sabe todo lo que nosotros no podremos llegar a saber nunca, pero nos da el conocimiento y la sabiduría a medida que crecemos. Confiemos entonces siempre en EL, sin dudarlo jamás.

Nuestro Padre Celestial nos creó y sabe lo que es mejor para nosotros. Cuando Él prohíbe algo, debemos escucharlo. Cuando nosotros elegimos obedecer nuestra propia voluntad en lugar de Su voluntad, que es perfecta y santa, las cosas nunca irán bien para nosotros. Adán y Eva hicieron ese descubrimiento triste después de comer del fruto prohibido, y la humanidad ha sufrido las consecuencias de su decisión desde entonces.

Donde no hay ley no hay desobediencia y en consecuencia no hay pecado. La única ley que tuvieron que respetar Adán y Eva fue la de no comer del fruto prohibido. Y fallaron. A medida que la humanidad avanza, Dios sigue cuidando a su creación, dándole nuevas reglas, todas necesarias, no solo para que pueda sobrevivir y convivir en armonía sino incluso para su salvación y retorno triunfal al paraíso.

Con Abraham viene la promesa de la redención y con Moisés se inicia otro nuevo periodo para la salvación. Los 10 mandamientos reflejan las principales condiciones del nuevo pacto.

Éxodo 20 (Los Diez Mandamientos)

1 Y habló Dios todas estas palabras, diciendo:

2 Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.

3 No tendrás dioses ajenos delante de mí.

4 No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.

5 No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen,

6 y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.

7 No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano.

8 Acuérdate del día de reposo[a] para santificarlo.

9 Seis días trabajarás, y harás toda tu obra;

10 mas el séptimo día es reposo[b] para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas.

11 Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo[c] y lo santificó.

12 Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.

13 No matarás.

14 No cometerás adulterio.

15 No hurtarás.

16 No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.

17 No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.

El terror del pueblo (Dt. 5.22-33)

18 Todo el pueblo observaba el estruendo y los relámpagos, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba; y viéndolo el pueblo, temblaron, y se pusieron de lejos.

19 Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos.

20 Y Moisés respondió al pueblo: No temáis; porque para probaros vino Dios, y para que su temor esté delante de vosotros, para que no pequéis.

21 Entonces el pueblo estuvo a lo lejos, y Moisés se acercó a la oscuridad en la cual estaba Dios.

22 Y Jehová dijo a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Vosotros habéis visto que he hablado desde el cielo con vosotros.

23 No hagáis conmigo dioses de plata, ni dioses de oro os haréis.

24 Altar de tierra harás para mí, y sacrificarás sobre él tus holocaustos y tus ofrendas de paz, tus ovejas y tus vacas; en todo lugar donde yo hiciere que esté la memoria de mi nombre, vendré a ti y te bendeciré.

25 Y si me hicieres altar de piedras, no las labres de cantería; porque si alzares herramienta sobre él, lo profanarás.

26 No subirás por gradas a mi altar, para que tu desnudez no se descubra junto a él.

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